«Apariencia Engañosa» por Arantza Alexandra Sandy Canul ( 1°B )

 

«APARIENCIA ENGAÑOSA»

ARANTZA ALEXANDRA SANDY CANUL

 

Una mujer mayor de cabello corto color blanco y con traje elegante se dirigía hacia un hotel bastante deslumbrante, entró, se dirigió al elevador que la llevaría al último piso de la instalación, tocó el timbre de la habitación esperando, hasta que alguien abrió.

—Señor Rodríguez, Virginia Guzmán vengo de parte de su abogado el señor Santiago Torres —dijo la mujer.

—Un placer, adelante pase —Acto seguido cerró la puerta.

La mujer observaba la cálida habitación mientras el joven arreglaba algunas cosas, se fijó en la televisión, eran las noticias, hablaban del funeral de Laura Hernández que había sido asesinada por su amante Juan Rodríguez. 

—La esperaba más tarde señora Guzmán —Interrumpió los pensamientos de la mujer.

—Surgió un contratiempo he intentado hablar con Santiago, pero está desconectado —indicó Virginia—, porque es muy posible que lo citen a declarar esta misma noche, una de mis fuentes en el juzgado asegura que la fiscalía tiene un testigo de última hora que podría darle un giro definitivo a su caso aún no sabemos quién es, pero lo están trasladando para que preste declaración en tres horas.

—He dicho la verdad.

—Necesito detalles, pero necesito que colabore, tenemos ciento ochenta minutos para volver a empezar así que le aconsejo que deje de lamentarse y nos pongamos a trabajar.

La abogada sacó sus papeles, pluma y un pequeño reloj para temporizar el tiempo que les quedaba.

—Bien, empecemos por el principio, ¿qué hacían usted y la difunta en ese hotel? —preguntó Virginia.

—Nos citaron allí, Laura y yo llevábamos unos meses viéndonos, alguien que lo descubrió nos hacía chantaje seguíamos sus instrucciones y nos pidió un millón de pesos.

—Vale más pagar por el silencio de alguien que afrontar un divorcio —atestiguó la abogada.

—No —respondió Juan—, yo nunca quise divorciarme de Sofía, la quiero.

—¿Por qué ese hotel a 300 kilómetros de Mérida?

—El problema es que me han inculpado de asesinato señora Guzmán —se quejó Juan.

—Todo es importante, Sr. Rodríguez. Pero está bien, hablemos primero del mensaje que recibió en su teléfono.

—Llevábamos unas dos horas esperando cuando llegó, un mensaje desde el celular de Laura (cosa que era imposible), nos pusimos muy nerviosos porque habíamos caído en la trampa, nos apresuramos a recoger nuestras cosas para irnos inmediatamente, pero era demasiado tarde, alguien me empujó contra el espejo, estuve unos minutos inconsciente y… cuando desperté… empezó la pesadilla. —contó Juan.

—¿Qué es lo primero que recuerda?

—Los golpes en la puerta, era la policía en ese momento vi el cuerpo de Laura tumbado en el piso, sin vida y el arma homicida junto a ella segundos después la policía logró entrar.

—Según el informe de la policía los testigos oyeron gritos, pero no vieron salir a nadie del cuarto… que además estaba bloqueada por dentro con una cadena de seguridad, en el informe también consta que ninguna ventana pudo abrirse desde dentro porque no tenían manecillas ni habían sido forzadas, especularon sobre cualquier manera de salir sin ser visto, pero todas eran imposibles sin dejar huella y no encontraron ninguna. Así que, según su versión, el asesino de su amante se evaporó —manifestó Virginia.

—Eso es —expuso Juan.

—Antes de salir, tuvo que entrar.

—Estaba dentro cuando llegamos.

—Pero tuvo que entrar de todas formas y según el personal, nadie pudo hacerse con ninguna llave que no fuera la suya.

—Toda la escena del crimen estaba preparada para inculparme y para que la policía armara la falsa teoría de que Laura se enamoró de mí y yo, para proteger mi matrimonio intenté comprarla sin éxito, así que la maté. Pero es absurdo, es una trampa.

—¿Por qué? ¿de quién?

—No lo sé, lo único que sé es que alguien se está saliendo con la suya.

—Si no presta más atención, si no busca respuesta entre los detalles de su vida ¿sabe lo que pasa? le dé una razón a la policía afirmando que no existe nadie en su entorno con motivos para inculparlo. Así que su versión suena a invención Sr. Rodríguez —continuó Virginia—. ¿Sabe? en mis treinta años de carrera he tratado con dos tipos de clientes. Los que asumen su posición y colaboran, aunque eso implique ir hasta donde no desean ir, y los que se creen más listos que yo y pretenden que les salve de una condena segura sin ensuciarse. Usted pertenece a los segundos, pero déjeme que le aclare algo al respecto: ni habrá salvación sin sufrimiento ni usted es más listo que yo.

Se lo voy a preguntar una última vez Sr. Rodríguez, ¿sabe quién era el hombre que estaba en la habitación del hotel.

El joven negó con la cabeza.

—Si quiere que lo saque del problema en el que se ha metido y le evite la cárcel, no me mienta más —proclamó Virginia.

Juan reflexionó sobre esas palabras y comenzó a hablar. 

Todo había empezado tres meses atrás, Sofía, su esposa, lo llamaba desde México ya que él estaba en París por un viaje de negocios o al menos eso le hizo creer, colgó el teléfono diciéndole a su esposa que todo estaba bien y que pronto estaría en casa posteriormente se fijó en Laura que estaba despertando. 

Salieron de la casa (que por cierto estaba bastante alejada de la ciudad) e inmediatamente partieron hacia la ciudad.

La carretera era bastante angosta, fúnebre y borrosa tanto que daba miedo, en el transcurso del  camino platicaban de su “relación” y que todo saldría bien, lo que no notaron era que venía un carro frente a ellos y a su vez un animal por lo cual frenaron de golpe haciendo que ambos coches perdieran el control, por suerte ninguno de los dos salió herido, estaban muy abrumados y agitados ese había sido un buen susto, después de tranquilizarse un poco en la parte delantera de la calle vieron el otro coche que había quedado totalmente inmóvil, la preocupación los invadió así que  salieron de la camioneta y se dirigieron para comprobar que el otro conductor estuviera a salvo.

La respuesta que obtuvieron no fue buena ya que el conductor estaba totalmente inconsciente incluso muerto, Juan estaba a punto de llamar a la policía pero Laura lo detuvo convenciéndolo de que no era su culpa para que no sienta remordimiento y asimismo poder seguir su camino como si nada hubiese pasado, lo que no se esperaban era que la camioneta no arrancaría además de eso alguien se aproximaba a la escena, Laura no perdió la calma y corrió al coche del muchacho inconsciente para agarrar algo y así distraer al individuo que venía, cuando estaba lo suficientemente cerca observaron que era un hombre, les preguntó si estaban bien dando una respuesta afirmativa por parte de Juan y Laura, esta última le dijo que solo había sido un pequeño choque pero ya lo tenían todo bajo control, al instante el teléfono del inactivo comenzó a sonar así pues Laura fue directo al carro a manera de que contestaba la llamada entrante diciéndole al hombre que eran los de la aseguradora, el hombre convencido se marchó.

Juan estaba muy preocupado, se preguntaba si aquel hombre había visto algo y si era así que haría con esa información. Laura por su parte se comenzó a alterar entonces decidieron ocultar el cuerpo ya que había un testigo que los podría hundir.

Metieron al muchacho en la cajuela y quedaron que Juan se iba a ocupar del cuerpo mientras Laura pedía ayuda.

Juan condujo casi una hora, lo único que podía pensar era porque estaba allí en lugar de su familia, si nunca hubiese estado con Laura, si no hubiera tomado el atajo eso nunca habría pasado pero el habría no existe, la acción estaba hecha y no había vuelta atrás.

Luego de unos minutos Juan llego a un lago o quizás el mar, estaba bastante oculto perfecto para sepultar la evidencia, se bajo del auto y lo empezó a empujar para adentrarlo en el agua,

se llevo un susto al escuchar ruidos extraños y la oscuridad no le ayudaba a manejar su miedo sin embargo siguió con lo suyo hasta que obtuvo éxito.

Mientras eso sucedía Laura seguía en aquella carretera intentando solicitar ayuda, llamo a una aseguradora para decirles que necesitaba una grúa, pero tardaría mucho en llegar así que tendría que esperar, posterior a unos diez minutos una camioneta se acercaba donde Laura estaba, de ella se bajó un señor, parecía bastante grande unos cincuenta años más o menos pelo canoso y rizado, utilizaba lentes, se dirigió adonde Laura y comentó:

—Buenas tardes, ¿todo bien? —preguntó aquel hombre.

—Si estoy bien solamente se me ha cruzado un animal y la camioneta no arranca —respondió Laura.

—Todo tiene solución, Daniel Pérez tengo un taller te podría ayudar.

—Encantada, necesito llegar a la cuidad.

—¿Tiene una lámpara?

Laura busco dentro del vehículo torpemente, pero no encontró nada y le explicó a Daniel que la camioneta no era suya si no de su hermana. De modo que Daniel fue por la suya y se puso a checar el motor dándose cuenta de que se había echado a perder, así que el hombre le ofreció a Laura llevarla hasta su casa donde tenia su taller para arreglar el motor a lo que ella acepto.

En el camino Daniel entabló una conversación con Laura.

—¿Usted en que trabaja?  —cuestiono Daniel

—Yo tengo una librería —exteriorizó Laura

—A mi me encanta leer, mi debilidad son los clásicos, lo descubrió mi mujer, fue así como nos conocimos, ¿sabe? en un grupo de teatro, a ella se le da fenomenal, pero a mí no tanto   —relató Daniel—, y también trabaja en un hotel es muy buena, por cierto, todavía no me ha dicho su nombre.

—Raquel…

Llegaron a la casa de Daniel y le presentó a su mujer.

—Camila mi esposa.

—Un gusto.

Camila hizo pasar a Laura, mientras Camila le llevaba un café a su esposo Laura observaba la acogedora casa, de madera con luces amarillas era un ambiente muy tranquilo y sereno pero su tranquilidad se desvaneció cuando vio una fotografía del muchacho, aquel del accidente el que había muerto…

Camila le conto a Laura que el de la foto era su hijo, se llamaba Sebastián pero que aún no había llegado a casa, que había salido hace ya varias horas, pero no contestaba el teléfono.

Laura asustada se apresuro a despedirse e ir por su bolsa en eso siente que su teléfono suena nada más que no era el suyo, el de Santiago se acordó que lo había agarrado del coche cuando ocurrió el accidente rápidamente lo escondió en el sofá de la sala oculto entre las almohadas.

El matrimonio al escuchar el teléfono de su hijo sonar fueron directo a la habitación encontrando el celular.

Laura se despidió de ellos, se subió a la camioneta, acomodo el asiento y se marchó.

En ese momento Laura recogió a Juan que la había llamado para que lo hiciese, en el camino decidieron nunca volver a verse y que cada quien seguiría su camino.

A pesar de los esfuerzos la policía interrogó a Juan, ya que la policía había dicho que la camioneta vista estaba a su nombre entre otras cosas, pero sin poderle sacar información del joven desaparecido.

Un mes después salió en las noticias que Sebastián Pérez se había fugado y que también le había robado a Juan Rodríguez, por consecuencia hizo que Laura y Juan se volvieran a ver, ella le explico que todo era parte de su plan que ella había hecho esas trasferencias de dinero para hacerle creer a la policía que no estaba desaparecido y que solo se había escapado.

Al día siguiente Juan fue invitado a una fiesta porque su empresa había ascendido lo que no se esperaba era que se encontraría con Daniel Pérez, el padre de Sebastián, ya que tenía algo que decirle.

—Buenas noches Sr. Rodríguez, soy el padre de Sebastián Pérez, no sé si usted ha visto las noticias, pero dicen que ha huido y, bueno, quería hacerles unas preguntas.

—Todo lo que se de su hijo es lo que dice la prensa. Lo siento

—Mi hijo no es ningún ladrón, ni se ha fugado a ningún sitio, mi hijo esta muerto. Alguien se esta riendo de mi mujer y de mí. El día que la policía hablo con usted Camila y yo estábamos allí. Yo sé lo que vi, la mujer a la que le arreglé el motor me mintió dijo que la camioneta era de su hermana y además no iba sola, alguien más conducía. Mintió y nadie miente porque si, mintió para protegerse o para protegerlo a usted —expuso Daniel—, esa mujer ocultaba algo…y usted también. Y seguí la única pista que me quedaba, usted, y descubrí todo lo que podía perder por un contratiempo. Así que dígame la verdad ¿dónde está mi hijo?

—Le aseguro que se confunde.

—¡Usted iba en ese coche con esa mujer que no se llama Raquel y tuvieron un accidente en el lugar donde yo la encontré y allí estuvo el coche de mi hijo!

Poco después la seguridad llego para llevarse a Daniel.

—Bien ya tenemos todas las fichas sobre el tablero, dos muertes y dos cadáveres, el asesinato de su amante parece consecuencia directa de la muerte de Sebastián Pérez. Pero para la policía solo existe un asesinato porque solo tiene un cadáver, el de Laura Hernández y su sospechoso es usted, pero para nosotros y para los padres de Sebastián Pérez hay otro cadáver y otra muerte, la del chico desaparecido —explicó Virginia—, y los Pérez sospechan son usted y su amante. Estando ella muerta, solo les queda…usted. Me lleva a pensar en el misterio de la habitación del hotel, en ese hombre que usted dice que mato a su amante y luego desapareció como por arte de magia.

—Alguien relacionado con Sebastián Pérez. Hay alguien que no he nombrado y sabe más que sus padres.

—¿Quiere hacerle creer al juzgado que ese conductor les citó en ese hotel? ¿con qué propósito?

—Chantajearnos con lo que sabia: que éramos culpables.

—Sr. Rodríguez ¿ya vio la luna? esta noche hay una luna llena enorme, tan enorme como el agujero que tiene su relato ¿cómo explica que el conductor supiera lo del pantano?

—El ruido que oí antes de hundir el coche ¿y si no fue solo un animal? ¿y si Laura no logro convencerlo de que habíamos chocado entre nosotros? Puede que viera algo y sospechara de nuestra actitud puede que fingiera irse para esconderse.

—Bien le diré lo que pudo haber pasado a partir de lo que usted me ha contado, volvamos a la estación donde el chantajista tenía que contactarles a las 17:00 horas.

—Un momento ¿sospecha que Daniel Pérez era quien estaba en la habitación?

—¿Usted no? es una opción con la que armar su defensa algo que un juez podría comprar, Daniel Pérez tiene un porque poderoso para cometer un crimen. Así pues, la única forma de demostrar que no mato a su amante es implicar a Daniel Pérez.

—Ya, pero nada eso nos sirve sin resolver como desapareció sin dejar rastro y le aseguro que cuando desperté no había ninguno.

—¿Está familiarizado con el concepto de pensamiento lateral, Sr. Rodríguez? consiste en la posibilidad de cambiar la perspectiva desde la cual se analizan los acontecimientos, por ejemplo, en un granero de madera completamente vacío se encuentra colgado un hombre desde el centro de la viga, la soga con la que se ahorco mide tres metros y los pies penden a 30 cm del suelo, la pared mas cercana se encuentra a seis metros, no es posible trepar a las paredes ni a la viga. Sin embargo, el hombre se ahorcó a sí mismo, ¿cómo lo hizo?

Se subió a un bloque de hielo que se deshizo con el calor.

¿Y si la respuesta a nuestro enigma nunca ha estado dentro de la habitación sino fuera? —siguió Virginia—. Daniel Pérez le tendió una trampa, para que usted uniera mal las piezas de su rompecabezas y así hacerle dudar de lo que paso realmente, porque sabía que de esa forma encontraría la pieza que le faltaba. Se delató y le entrego a Laura.

Supongamos que usted no estuvo presente en el accidente que mato a Sebastián Pérez, estuvo en Paris, y por lógica fue Laura la que ejecuto el plan de que el chico se escapó, la única pieza que nos falta es relacionarla con el cadáver de Sebastián.

—Dígame una cosa ¿cómo piensa hacerlo?

—Hay que esconder algún objeto de Laura en el coche sepultado. Tenemos que incriminarla solamente a ella en la desaparición de Sebastián. Su único delito será el encubrimiento bajo cargo de conciencia.

La abogada fue por un pequeño mapa del estado y preguntó:

—¿Dónde lo sepulto?

Juan convencido marco una parte del mapa con una equis.

—Tengo que contarle algo más —habló Juan —, creímos que había muerto, se lo juro…

—Esto lo cambia todo, ahora está en mis manos, ¡me ha dicho lo suficiente como para que si hago llegar esta información al juez esté hundido!

—¡Pero no puede hacer eso!, ¿me oye? No puede hacer eso.

Virginia se calmó, camino un poco por la habitación para despejar su mente.

—No voy a permitir que su caso manche mi expediente. A partir de ahora haremos las cosas a mi manera. Para eso tengo que estar segura de que no hay más cabos sueltos en su historia

—No los hay.

—Es cierto que todo podía haber pasado tal y como ha dicho, pero veámoslo todo al revés ¿encajarían las piezas si hubiera sido usted quien llevara la iniciativa de todo? ¿y si fue Laura Hernández quien se vio arrastrada a una situación limite imposible de controlar. Según el informe medico su amante padeció ataques agudos de ansiedad tras su regreso de su supuesto viaje a Paris. Y fue ella quien cargó con ese peso en la conciencia, que la fue hundiendo poco a poco; hasta que entendió que solo había una forma de recuperar su dignidad, ya no podría devolverles a esos pobres padres a su hijo. Pero si había algo que podía hacer…contarles la verdad —afirmó Virginia—. Así que se citó con ellos en el hotel donde trabajaba la madre del chico, un lugar aislado donde poder llevar a cabo su plan. Una vez en la habitación del hotel solo tuvo que esperar y articuló su segunda parte del plan, programo un mensaje en su teléfono y cuando ella le contó lo que pretendía usted perdió los nervios y cuando recibió el mensaje programado entendió que había caído en su trampa.

—Yo no la maté y jamás voy a declararlo ante el juzgado, ¿me oye?

—Venga conmigo.

Ambos se dirigieron a la ventana y observaron, allá estaba el, Daniel Pérez observando todo lo que Juan hacía.

—¿Quiere mi ayuda? ¿quiere que el juez crea que no es un asesino? Pues admita que mató a Laura.

—La maté.

Se miraron por unos segundos, pero los interrumpió la resonancia del teléfono, alguien llamaba a lo que Juan atendió la llamada.

—Voy a salir diez minutos a despejar la cabeza ¿quiere café?

—Sí.

Dicho eso la abogada salió de la habitación no sin antes que Juan le agradeciera por su apoyo, luego de lo anterior Virginia emergió de la habitación.

Al momento Juan hablaba con su abogado, Santiago le dice que esta todo bajo control y le pregunta como le ha ido con Virginia Guzmán, él le comenta que es muy buena y que pueden confiar en ella, en eso un ruido agudo interrumpe la llamada haciendo que se corte, segundos despues la pluma que se encontraba yaciendo en la mesa salpico toda la tinta que tenía Juan asustado y confundido se acercó para ver porque se había reventado, al abrirla se dio cuenta de que…era un micrófono, desesperado comenzó a revisar todos los papeles para su sorpresa todos eran unas simples hojas en blanco.

Las voces de la abogada rondaban por su cabeza volviendo loco, el reloj había marcado los ciento ochenta minutos, con mucha ansiedad y preocupación volteo por la ventana con perturbación y furia en sus ojos encontró lo que más temía, en la ventana de delante, su abogada se empezó a quitar su “disfraz “dejando al descubierto su verdadera identidad, era… Camila Pérez, la madre de Sebastián y esposa de Daniel. Ella lo veía con odio y seriedad mientras que Juan con una mirada de horror y parálisis, unas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

El timbre de la puerta interrumpió esa dramática escena, Juan se dirigió hacia la puerta, la abrió encontrándose con una mujer.

—¿El Sr. Rodríguez? soy Virginia Guzmán.















Comentarios

  1. Su relato está muy bien redactando, es algo que siempre leería, ya que se me hizo bastante interesante, sólo que hay algunas partes qué le faltaba poner comas, pero lo demás está bien hecho. 💐

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  2. Se me olvidó decirte que eres muy buena escribiendo, me encanto, te doy 10/10💐🧁 =(

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  3. Su relato me pareció muy interesante, redacto muy bien y todo se entendió. El volumen estuvo bien, pero tal vez si hubiera hablado un poco mas fuerte estuviera mejor.

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  4. Buenas tardes, Aranza

    La lectura se escucha en general con dicción, aunque el volumen es bajo y más en algunos momentos lo que impide escuchar con claridad ciertas palabras.. Trabajemos en la entonación y uso de recursos de la expresión no verbal para enriquecer la experiencia lectora.

    ATENTAMENTE:
    Prof. Carlos Gerardo Cituk Maza
    TALLER DE LECTURA Y REDACCIÓN

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