"¿El Chupacabras?" por Valeria Cortez Dzib (1-B)

                                                        ¿El Chupacabras?

Hoy por la noche han muerto varias de mis ovejas.

El granjero, que habitaba en un lugar cerca de los desolados miles de kilómetros de arena del Desierto de Chihuahua, habló. No podía entender qué era lo que le estaba pasando a sus animales de granja; ya era la tercera semana en que no solo ovejas, sino también cerdos y cabras fallecían misteriosamente. Nunca había encontrado pista alguna de ellos ni de a dónde habían ido.

El calor era infernal; en Chihuahua, en especial en el mes de agosto, las temperaturas alcanzaban valores muy altos.

Vivía muy lejos de cualquier otra civilización, pero él y sus pocos vecinos podían sobrevivir y mantener a sus animales gracias a los pozos que sus ancestros habían construido tiempo atrás.

Unos momentos después, en una cálida noche a mediados del mes, fue cuando se había decidido que en la oscuridad del día de hoy se iba a quedar despierto; esto porque tenía el presentimiento de que ese “algo” que estaba terminando lentamente con su ganado, era en realidad “alguien”, y debía descubrir quién era antes de que acabara con su única fuente de ingresos.

Podía escuchar los tintineantes “tic tac” del reloj de piso que se encontraba en la cocina de su pequeña casa, a no muchos metros de donde estaba escondido. Se acomodó los castaños cabellos por debajo de su sombrero ranchero, la tensión lo estaba matando.                            

Fue alrededor de la media noche, un escenario completamente aterrador, considerando que también había luna llena, cuando pudo escuchar un galopeo en la cercanía. Ese ruido tan irreconocible y desconocido de un cuadrúpedo caminando (o más bien, corriendo) se estaba haciendo aún más cercano con el pasar de los segundos.

Se escondió aún más, en donde pudo. No pensó que en realidad fuera a haber algo matando tan cruelmente a sus animales por las noches, desde que comenzaron las matanzas creyó que no era más que una enfermedad contagiosa y que debía llevar a sus animales con un veterinario lo antes posible.

Se encontraba tras la puerta principal de su granero, esta abierta. Los animales encerrados en sus establos, algunos aún despiertos y haciendo ruidos muy desesperados, casi pareciera que estaban pidiendo algún tipo de ayuda.

Esperó, y siguió haciéndolo, hasta que finalmente llegó. Escuchó un ruido extraño a tan solo unos pasos de él, era indescriptible; no sabía distinguir si era un gruñido de cerdo o un relinchido de un caballo.

El extraño animal entró a pasos desesperados al lugar. El granjero no se quería mover de donde estaba, el miedo y la ansiedad lo tenían paralizado.

Y es que, cuando esa “cosa” entró, ni siquiera él podría decir qué era. Se le figuraba a un perro muy grande, como del tamaño de un gran danés; pero este no parecía un canino. Era dueño de espinas gruesas y largas en toda la espalda, no tenía ni un pelo y su piel tenía un extraño tono verdoso.

Se llevó las manos a los muslos; de repente se sentía fatigado, nauseabundo y molesto. No tenía el valor para ir a hacerle frente a ese animal, pero sus animales estaban muriendo lentamente gracias a que nunca los pudo defender de los depredadores del desierto.

Espero lentamente hasta que esa cosa se marchó. Fue la cosa más dolorosa del mundo, ver como sus cerdos lloraban cuando la larga lengua del animal succionaba toda su sangre y los devoraba en un parpadeo, al igual que a las cabras. Esos animales que tanto quería y que tantos vínculos había formado. Estaba tan enojado consigo mismo que decidió que esto no se iba a quedar así.

 Se retiró a su hogar y su esposa, al llegar a la cama, le preguntó.

¿En dónde estabas?

 En el granero. Yo sabía que algo no andaba bien.

La esposa calló. Ella tampoco tenía un buen presentimiento. Podía sentir cuando su marido estaba enojado.

--

 A la noche siguiente, ya sabiendo que lo que estaba matando a sus animales no era una enfermedad, se preparó con arma en mano para poder vengarlos.

Dio un disparo, luego otro y otro. Hasta que finalmente pudo escuchar el sonido de un cuerpo pesado caer a la tierra que tenía de piso el granero. Se acercó cuando vio que el animal no se movía, y con un palo de escoba movió lo que parecía ser el cadáver. Lo rodó hasta que llegó a las afueras del lugar y lo dejó ahí por la noche.

En la mañana, cuando se levantó, pudo ver una bola de personas rodeando algo. Era el lugar donde había dejado al animal muerto la noche anterior. Se acercó.

Ingrata fue su sorpresa al darse cuenta de que lo que estaba ahí no era un animal, sino un anciano. Una persona humana.





Comentarios

  1. Buenos días.

    La alumna Grecia Pérez comentara este trabajo.

    Adecuada Cohesión: no tuvo muletillas y la lectura es fluida.
    Coherencia correcta: esta bien organizado, con la idea bien plasmada y una lectura clara.
    Las oraciones están muy bien construidas
    Tuvo buena ortografía, estuvieron bien los signos de puntuación.
    La redacción es concisa y la estructura es precisa.
    Muy claro todo .

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  2. Comentario de Aarón

    El video esta muy bien en general, no se trabo en ningún momento, por lo que tiene una muy buena fluidez, se escuchaba con bastante claridad, la entonación y el volumen son los justos, considerando que es un relato de terror, estaba muy bien, se le oye segura de si misma, la edición muy bien, no miro mucho a la cámara, a menos que fuera cuando puso imágenes, pero por lo demás, 10/10

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  3. buenas tardes, Valeria.

    Fortalezas: buena dicción y volumen en la lectura, la fluidez es adecuada sólo en una parte se evidencio una dificultad. Las imágenes ilustran ideas del relato en el video.

    Áreas de oportunidad: trabajar más en la entonación y en los recursos de comunicación no verbal.


    ATENTAMENTE:
    Prof. Carlos Gerardo Cituk Maza
    TALLER DE LECTURA Y REDACCIÓN

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