La amabilidad no le hace daño a nadie por Isis Mayen Mondragón (1°C)
Era una mañana tranquila y despejada, pero corría aire fresco pues era diciembre, para ser más específicos el 25, a pesar de que eran las 7:00 am ya se escuchaba la música navideña resonando en toda la casa. Me levanté, de mala gana, para ponerme ropa cómoda, arreglarme un poco el cabello y salir a enfrentar el día.
Apenas salí de mi habitación un olor dulce llego a mí como una bala, pasando por el pasillo volteé a ver la habitación de mis padres en la cual sólo se encontraba mi hermano pequeño durmiendo profundamente, al llegar a la cocina vi a mi padre haciendo las maletas para el viaje a casa de mi abuela, mientras mi madre cocinaba el jamón envinado que llevaríamos para la cena.
-Hola cariño, ¿dormiste bien?- Me pregunto
recibiendo un abrazo
-Si, como siempre
-¡Qué bueno!, deberías empezar a contemplar
que llevaras para la noche- Menciono mientras programaba el temporizador del
horno
-Pero aún es de mañana- enseñándole la
hora de mi celular
-Lo sé, pero tomando en cuenta que el
viaje dura como 3 horas, tus proyectos pendientes, el desorden de tu cuarto,
entre otras cosas; se te acaba rápido el tiempo ¿no lo crees?- dijo mientras se
cruzaba de brazos mirándome de manera acusativa
-Ash, está bien- Dije de mala gana yendo a
mi habitación cerrando la puerta
Ya
pensándolo bien tenía razón debía aprovechar el tiempo que me quedaba antes de
que mi hermano empezara a fastidiarme. Escogí una mochila color azul con
detalles negros para meter mi ropa y maquillaje que utilizaría al igual que un MP3 con mis
audífonos para no aburrirme en el viaje la deje a un lado para poder empezar a
realizar el proyecto de taller que consistía en narrar un hecho paranormal que
nos haya pasado y como nunca me ha pasado algo así busque alguna en Wattpad
para basarme y poder hacerlo (nótese la referencia).
Cuando
vi el reloj noté que solo quedaba una hora para irnos, puse los ojos como
platos, había perdido la noción del tiempo tomé una ducha rápidamente, me puse
algo cómodo para el viaje, agarré mi mochila junto con otros regalos que tenía.
En la sala encontré a mi padre
-¿Todo listo?- Me dijo junto con su
peculiar sonrisa
-Sí, espero que la abuela haya preparado
esos tamales que tanto me gustan- exprese mientras nos subíamos al auto donde
mi madre y mi hermano nos esperaban
-Yo lo único que quiero son mis regalos-
Dijo mi hermano haciendo un puchero de enojo
-Es lo único en lo que piensas-dije
volteando los ojos
El
trayecto fue realmente hermoso y tranquilo, se alcanzaba a observar la vegetación
y una que otra ardilla buscando alguna nuez, a lo lejos se podía ver un volcán
junto con varias montañas, a sus lados me pareció ver unas estelas rojas
saliendo de este; pero no le preste atención, debía ser el cansancio además que
desde hace años que ese volcán está inactivo, aunque tenía el presentimiento de
que algo extraordinario ocurriría.
Finalmente,
llegamos a casa de mi abuela, seguía igual que siempre con pintura azul, pero con
unos cuantos garabatos de cuando éramos niños; su jardín, frondoso como una
selva; y algo ruidosa por los que se encontraban dentro. Mis padres fueron los
primeros en saludarla entregándole la comida a lo lejos podía percibir un señor
de avanzada edad con ropa roída y sin comida, pasaba por cada casa siendo
rechazado de manera cruel me dio mucha lástima; sin embargo, estaba demasiado
lejos como para decirle que se acercara.
-¡Mi’ ja! Cuanto has crecido- Dijo mi
abuela abrazándome sacándome de mi trance.
-¡Abu!, qué alegría te extrañé mucho-
correspondiendo el abrazo.
-Pasen que hace frio afuera- declaró
haciendo un ademan con su mano.
Ya
en el interior pude reconocer a mis familiares: Pedro, mi primo favorito; Juana, mi prima; Ricardo, mi tío; y mi tía Fernanda. Todos venían muy bien vestidos lo
que me recordó que no lo estaba así que me dirigí al baño para cambiarme y
maquillarme, cuando salí todos se quedaron fascinados con mi vestuario. Me
acerqué a mi abuela para comentarle lo del señor que vi afuera y preguntarle si
podríamos acogerlo, aunque sea por esa noche a lo que me expresó que sí.
Feliz
abrí la puerta, y justamente ya estaba levantando su brazo para tocar, lo hice
pasar inmediatamente sentándolo en un sillón, mis familiares notaron su
presencia y empezaron a saludarlo ofreciéndole comida y abrigo, mientras mi
abuela y yo elegimos unas prendas para el señor y se las entregamos en 5 min de
buena manera a lo que el sonrió y nos agradeció todo siguió como esperado hasta
que llegó la hora de dormir. Al día siguiente, me levanté con una nota a lado
que decía que habían salido a comprar el desayuno y no querían levantarme, me
dirigí a la sala y me topé con el señor guardando sus cosas.
-Buenos días- dije animadamente
-Buenos días- expresó un poco cansado
-¿Lo puedo ayudar en algo?- pregunté
acercándome
-Con que abras las ventanas para mí está
bien- declaró con una sonrisa
-Con gusto
Al
abrir las ventanas vi que todas las casas que lo habían rechazado tenían una
“X” roja, la gente salía a quejarse y preguntándose quien pudo haber sido. El
señor cargo sus cosas junto con algo de comida que le di, le abrí la puerta y
me quedé a esperar que se fuera, pero se sentó en una roca dejando sus
pertenencias en el piso, le dirigió una mirada a la casa y como por acto de
magia todas las puertas y ventanas se cerraron de forma espontánea, entre un
poco en pánico, pero seguí contemplando desde la ventana toda la escena.
El
señor chasqueo sus dedos y todas las “X” empezaron a incendiarse de manera
brutal y las personas empezaron a quemarse de igual manera, el señor reía de
manera sádica y cruel disfrutando el caos, pero esta vez con una voz más
juvenil mientras una nube de humo lo cubrió. Del miedo sólo me hice bolita en
el piso deseando que todo sea solo un mal sueño y al despertar estaría otra vez
en mi habitación. De repente vi como la puerta principal se abrió lentamente
trayendo ceniza y polvo consigo, me levante aún temblorosa para ver lo que me
esperaba afuera.
Todo
se había vuelto un paisaje negro y gris, ahora la nieve era cenizas de casas y
personas condenadas a morir por su crueldad, con una leve niebla oscura por el
humo causado sin embargo nuestra casa seguía igual. Al voltear a ver la roca ya
no se encontraba un señor sino un chico de entre 18 a 21 años, con cabello
corto color negro, una pálida piel, ojos hipnotizantes color ámbar, media como
1.80 m su cuerpo era delgado pero fuerte, lo mejor eran sus inmensas alas
oscuras como su vestimenta digna de un príncipe. Aun con miedo me acerqué
lentamente con una rama que encontré atrás de mi espalda, por si las dudas mientras
él solo admiraba el paisaje.
-Hola, pensé que no saldrías y no es
necesario que traigas esa rama contigo no te haré daño-dijo mientras se volteaba
para observarme
-Disculpa pero ¿Quién y que eres?- dije intentando que no se notará mi notable temblor y miedo
-¡Ah! Lo siento me llamo Stolas soy un
juzgador del infierno es un placer-realizo una reverencia extendiendo sus alas
-Ya veo, entonces a esto te dedicas?- Dije
sentándome también mientras él me cubría con una ala
-Algo así, nos liberan cada navidad para
llevarnos las almas corrompidas y dejar las buenas al igual que darles un
mensaje
-En ese caso supongo que tienes un mensaje
para mí, ¿no es así?
- El cual es que no pierdas esa bondad que
tienes porque será tu salvación en el futuro y anda con cuidado que como esta
hay muchas pruebas más, y no te preocupes por el pueblo solito se reconstruirá
solo que no habrá más gente- Se levantó y se alejó un poco- Fue un gusto hablar
contigo ¡Adiós!
Se convirtió en una estrella fugaz roja
que se dirigía hacia el sur para retornar a su hogar si así se le puede llamar.
-Supongo que la amabilidad no le hace daño a nadie- dije para mí misma y entre otra vez a la casa para descansar otro momento más como si nada hubiera pasado. Salvándome de un terrible destino a costa de mi amabilidad y la crueldad de otros
Luis Ángel Robles Linares Rodríguez
ResponderEliminarFortalezas: Es un relato que te atrapa cuando comienzas a leer. La verdad, me gusto mucho.
Áreas de oportunidad: sincerarme no encuentro áreas donde puedas mejorar, pues tiene todos los elementos para ser un excelente relato
Consejos: Te aconsejo que practiques mas (aun que ya lo hagas bien), por que tienes el talento para escribir profesionalmente.
Ariadna Monserrat García de la Cadena Gonzales 1C
ResponderEliminarFortalezas: buena dicción, pronuncia bien las palabras sin trabarse o tartamudear; mantiene contacto con la cámara incluyendo algunos ademanes. Su relato es atrayente.
Áreas a mejorar: Ser más descriptiva y evitar la repetición de palabras; su volumen de voz es medio, por lo que debería leer un poco más fuerte.
De ahí en fuera no encuentro ningún error, un relato agradable y una lectora comprometida, felicidades.
Buenas tardes, Isis.
ResponderEliminarLa lectura se escucha con buena dicción y fluidez, usas la expresión no verbal dentro de la relatoría.
Como área de oportunidad: consideremos trabajar en la entonación para enriquecer nuestra experiencia lectora y también variar en el volumen del mismo.
ATENTAMENTE:
Prof. Carlos Gerardo Cituk Maza
TALLER DE LECTURA Y REDACCIÓN