Misnébalam by Paola Cetz 1°B
Misnébalam es sede de varias leyendas urbanas e incluso de orden paranormal; este pueblo fantasma cuenta con una fascinante historia, ya que hace 100 años aproximadamente, fue uno de los puntos más importantes de la Península de Yucatán. La leyenda más famosa de Misnébalam, es la de Juliancito (un niño que tomó su propia vida en el lugar y cuyo espíritu aparecía constantemente), y el monje de la capilla (un monje que por las noches aparece en la iglesia del pueblo del cual dicen que este supuesto espectro viste una túnica negra y sube al techo de la iglesia), siendo estas las más reconocidas y destacadas. De igual manera, se dice que los últimos habitantes que aún quedaban en el pueblo terminaron dejándolo porque no soportaban vivir con estas apariciones.
Mi historia comienza un sábado por la tarde, en las costas Yucatecas, para ser exactos, después de un refrescante baño en el mar de Progreso. Nos encontrábamos mi familia y yo acomodando las cosas en el carro para emprender nuestro viaje de regreso a casa, cuando a mi madre se le ocurre una magnífica idea de visitar “Misnébalam, el pueblo fantasma”, que ha sido conocido por las leyendas espeluznantes que habitan en él; a todos nos pareció una interesante idea por lo cual accedimos, bien dicen que la curiosidad mato al gato, pero murió sabiendo la verdad.
-Bien, vayamos a Misnébalam, dicen que suceden cosas escalofriantes y se siente la tensión en el ambiente- explica mi madre llenando de curiosidad los pensamientos de los individuos en el auto, incluyéndome a mi.
-¡Si!, me parece fantástico, quiero comprobar la teoría de los espíritus en lugares abandonados- comente eufórica ante la idea, ya que siempre he tenido una fascinación a los paranormal.
Quienes se encontraban en el auto, aceptaron sin objeción. El lugar se encontraba a unos cuantos kilómetros en dirección hacia a Progreso, lugar del cual salíamos, lo que significaba que debíamos buscar un retorno de vuelta a Progreso para buscar el camino oculto al “pueblo fantasma”. En el auto se hacia notar los nervios y al mismo tiempo la adrenalina de ir a lo desconocido; la música de fondo acompañando el trayecto, y el gps marcando el destino. Entramos a un estrecho camino sin pavimentar pasando por un paisaje que reflejaba una vida rural llena de amplios terrenos y lugares donde criaban animales; un perfecto escenario de películas sobre caníbales, mi tía conducía hasta el lugar de destino y demoramos aproximadamente unos 35 minutos en llegar, durante el camino estábamos aún más ansiosos siendo devorados por los nervios y la curiosidad. Por fin, se hizo presente la entrada de aquel pueblo que un día fue habitado, nos aparcamos a un lado de la carretera y decidimos bajar para continuar con la inspección a pie y caminar, tal como había mencionado en reportajes del lugar, se podía sentir una gran tensión en el ambiente y la pesadez que se sentía con facilidad. Lo primero que exploramos fue la hacienda, un lugar amplio y deteriorado por el paso de los años, se podía apreciar la manera en la que la naturaleza se había adueñado de semejante lugar, en él se hallaba una máquina donde se producía el henequén que había sido cubierta de moho por la humedad del lugar y pasar del tiempo; primero se encontraba la hacienda mencionada y a la derecha la que en verdad era la hacienda principal, antes de llegar a esa, yacía un estaca con un cartel con el nombre del lugar, estaba hecha de madera tallada a mano, pasando este señalamiento estaba lo que alguna vez fue un lugar espectacular, había una piscina inmensa y varios asientos con mesas hechas de material de concreto. Al salir de allá, exploramos la capilla que ya estaba desmoronada y en su interior había unas mariposas grandes de color negro. Regresamos al auto y exploramos en él las casas antiguas que ya se perdían entre la hierba alta que crecía.
Estuvimos poco menos de dos horas y nos fuimos del lugar, camino a casa comentamos de que aún teníamos la adrenalina y la curiosas de que nos sucediera algo verdaderamente paranormal, al no obtener eso, mi tía y yo propusimos volver en la noche y aceptaron nuevamente ante nuestra loca idea.
Llegamos a casa, nos arreglamos para salir exactamente a las 8 de la noche rumbo al pueblo fantasma, antes de irnos del departamento le preguntamos a un vecino amigo de mi madre y mi tía si gusta acompañarnos, negó de inmediato y reímos un poco a su cobardía, él explicó que padecía de problemas del corazón y para ser sincero no le gustaba la idea. Luego de ese pequeño debate entre si va o no, terminamos aceptando que no quería y no era su obligación ir. Llegamos por segunda vez a aquel camino estrecho, la diferencia era que esta vez nos acompañaba la tenue luz de la luna y un silencio que hacía audible el sonido de las ranas que había en la carretera percatándonos de que toda estaba cubierta de estas, desde ahí supimos que nuestra adrenalina buscada ya había comenzado. Esta vez el camino parece haberse hecho más largo, y sentimos una pequeña desesperación de no llegar a nuestro destino, mi hermanito rompió el silencio diciendo que él quería regresar, que ya no le gustaba la idea.
-Ya no quiero seguir, mejor regresemos- se podía percibir en su tono de voz la desesperación que absorbe de él.
.Ya estamos acá, mejor sigamos, no vamos a demorar mucho- contradijo mi tía y seguimos en camino.
Nuestra espera concluyó y vimos de nuevo la hacienda que nos recibió en la mañana, la diferencia de ahora es que no nos encontrábamos solos, más gente había con aparatos en busca de lo paranormal; esta vez no nos estacionamos, nos dirigimos a la capilla para observar más de cerca, puedo jurar que el ambiente era todo lo contrario a lo que percibimos en la mañana, era frio y sombrío, no nos quedamos mucho tiempo aparcados allí, realmente ya nos habíamos cohibido un poco. Mi tía retrocedió el auto y la pantalla del sensor de proximidad sonó, mi hermano y yo volteamos para comprobar que no fuera a estrellarse con algo pero no había nada, los árboles estaban a una distancia considerablemente lejos pero no cuadraba el que la pantalla marcará como que si, y el sonido cesó, aumenta la intensidad y no paraba con nada, en un rápido reflejo notamos una sombra blanca justo detrás del auto, mi tía logró en un maniobró salir de ahí y decidimos no continuar, ya habíamos obtenido lo que queríamos y habíamos quedado anonadados de la impresión. Fue suficiente para salir de ese lugar y no mirar atrás, el susto era acompañante de primera fila y la experiencia de segunda. Llegamos al departamento y comentamos lo vivido, decidimos dejarlo ahí y nunca volver a ir, nosotros si nos asustamos.
Solo puedo decir que algo nos siguió hasta aquí, nadie lo puede saber, una mascota trató de advertir, ¿será que eso sigue aquí? … Posiblemente Juliancito nos está acompañando, o le agrade más la idea de dormir con uno de nosotros esta noche,
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